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lunes, 2 de septiembre de 2013

Mitos felinos: ¿Los gatos se suicidan o lo pretenden?

Los gatos se suicidan y lo hacen por amor, a lo Julieta, de un modo tan poético como trágico, sin remedio ni paliativos. 



Aunque he buscado por todas las grietas de Internet, no he encontrado ningún estudio que avale mi intuición y mi sospecha felina de que los gatos se suicidan. No hacen simulacros para llamar la atención ni pretenden hacerte un chantaje emocional. Ellos no hacen intentos frustrados ni flaquean en su decisión porque no lo deciden con la cabeza sino con el corazón. Cuando un gato desea morir, se muere. Y lo hace por AMOR.



Habitualmente se consideran formas de suicidio de gatos el atropello autoprovocado o lo que muchos describen como "tirarse súbitamente bajo las ruedas de un coche". A muchos les ha pasado. A Graham y a mí también: En el Empordà, al salir de una curva, apareció un gatito de no más de 6 meses que literalmente se nos metió en los bajos del coche. Intentamos frenar pero vimos como salía por la parte de atrás dando volteretas sin parar. Yo grité hasta las amígdalas y tuvimos que parar el coche en una cuneta, para abrazarnos y consolarnos mutuamente. 
Buscando en Internet he visto que nuestro caso está muy extendido y que la experiencia es prácticamente idéntica para todos a los que tristemente nos ha sucedido:  “Yo venía con el auto y de golpe vi salir un gatito por entre los que estaban estacionados. Se tiró abajo de mi auto…”.



Hay también quien afirma que los gatos se suicidan trepando a un árbol o a un lugar prácticamente inaccesible para nunca más bajar de allí y morir en las alturas, cerca del cielo. No me creo ninguna de las dos hipótesis. Desde
mi punto de vista, esas dos formas de muerte son accidentes involuntarios. Los gatos no se tiran a los coches: el ruido que hacen y la velocidad en que se mueven les asusta por instinto como el sonido de los petardos o las bombas. No tienen ninguna intención de morir chafados en la carretera convertidos en un tatuaje que afea el alquitrán. Si mueren atropellados es porque no han podido evitarlo. Así de simple, como nosotros cuando se nos viene encima un camión que ha perdido el control o un borracho en una curva. 

Sobre lo de subirse a las alturas para nunca más bajar, es de lo más absurdo. El gato sube a los sitios más inaccesibles por pura curiosidad y diversión pero luego no sabe cómo bajar y se desespera. Eso lo he vivido con Nano que era un trasto y algo tontito para encontrar soluciones obvias a conflictos sencillos... desde el punto de vista humano.



También he leído que los gatos se suicidan tirándose por las ventanas. Pero eso no es suicidio, es el Síndrome del Gato Volador. Si un gato se cae de un 4º piso y se rompe entero no es porque deseara acabar con su vida defenestrándose, sino porque intentaba cazar algún bicho, calculó mal el espacio que les separaba, perdió su punto de apoyo -ofuscado por la caza- y consecuentemente cayó al vacío.  




La forma de suicidio del gato que yo conozco es por inaniciónLos gatos son tremendamente emocionales y apegados, en contra del sentir popular que los culpa de traicioneros, egoístas y carentes de empatía. Normalmente un gato entrega su afecto a un solo individuo, persona u otro animal con el que convive, y si desaparece ese individuo de la noche a la mañana, simplemente pierden sus ganas de vivir.

El caso más significativo es el de una amiga que vivía con su pareja, tres gatos y una perrita. Cuando su relación se rompió, ella se fue de la casa donde quedaron los animales al cuidado de su ex. Una semana más tarde su ex la llamó para avisarla de que una de las gatas, aquella con la que mantenía un vínculo más estrecho e íntimo, había dejado de comer y estaba muy débil. Le habían suministrado suero, pero no se recuperaba. Mi amiga la fue a ver desconsolada y la gatita parecía estar esperándola, pues se murió en sus manos. 




Otro caso dramático, que leí hace años (no recuerdo la fuente), era el de un gato de los EEUU que vivía en un establo de caballos de carreras y compartía cuarto con uno de ellos con el que mantenía relación de afecto y simpatía. En una desafortunada carrera, ese caballo se rompió una pata y tuvieron que sacrificarlo. Su amigo gato, al no verlo en sus lugares habituales, lo buscaba por el campo y la cuadra y esperaba cada noche que volviera al cubil que compartían para dormir. Cinco días tras la muerte del caballo, encontraron en la cuadra el cuerpo del gatito en los huesos y deshidratado. 




Al margen de estos dos testimonios que obtuve de primera mano, apenas he podido encontrar pruebas o afirmaciones que apoyen mi tesis sobre el suicidio felino por amor. Lo que sí se ha constatado en más de una ocasión es el fenómeno contrario: humanos que se suicidan al perder a sus gatos por resultarles insoportable la vida sin ellos. O incluso gatos capaces de evitar el suicidio de un humano desplegando todo su amor y ternura para hacerles recuperar su amor por la vida. Quid pro quo.