viernes, 29 de agosto de 2014

Un año sin Nano

El 29 de cada mes en Montevideo es el día de los ñoquis. Para mí, es el día en Nano se fue de mi vida. De eso hace un año... Parece que fue ayer. 




Quien diga que el tiempo lo cura todo, no ha tenido grandes heridas que curar. El tiempo amortigua el dolor como un cojín en el culo o una paracetamol para la cabeza. Pero ahí se acaba su capacidad sanadora. Cuando la vida te quita a un ser querido, no hay tiempo, verdad ni justicia que la perdonen. Quizá soy rencorosa o prisionera de mi memoria, pero no olvido. 

No olvido a mi querido Nano, un gato amoroso, que jamás sacó las uñas ni para limárselas (creo que no sabía ni que las tenía), nunca mordió a un ser humano (aunque a la Farruca le metía el diente como a un jamón de Jabugo), un gatito aniñado e inocente que aprendió a dar besos cuando yo se los di a él. 
Y es que me encanta besar párpados, de personas o animales no importa, y los de él eran mis favoritos. Le comía la cara toda, esa carita de muñeco peludo, todo ojos, todo nariz, todo bigotes. 
Cada noche repetíamos el mismo ritual: yo le llamaba "Nanoooooo, a la camaaa", y él aparecía a la carrera (estuviera donde estuviese, hiciera lo que hiciese) y se subía a la cama de un salto mirándome ansioso en posición de león yacente.


Me metía en la cama, apagaba la luz y él se acercaba despacito con sus patazas, levantaba la sábana con poca delicadeza y se acostaba a mi lado cuan largo era, que lo era. Entonces yo le besaba, entonces él me besaba... En los párpados, en los pómulos. Como yo a él. Era mi amante felino, que miraba al humano que dormía a mi lado como a un gigante usurpador, deseándole lo peor con ojos de Otelo de blanco pelo.

Por la mañana, al abrir los ojos lo primero que veía era a él, a mi lado dándome los buenos días a ronroneo de motor de Vespa. Nos levantábamos juntos porque el día empezaba para él cuando empezaba para mí. 


Nos tomábamos el desayuno (el yogur de fresa le volvía loco y arrugaba graciosamente la naricita intentando alargar la lengua hasta el fondo del vaso, quedándose siempre a medio camino), nos íbamos a la ducha y ya secos, arrancábamos el ordenador cuyo sonido le fascinaba. Juntos veíamos Saber y ganar, juntos leíamos Canción de hielo y fuego (ya no sabrá si Daenerys se casa con Jon Snow), juntos escuchábamos flamenco, que seguro le gustaba tanto como a mí. Estuvimos juntos desde el primer hasta su último día... 



¿Cómo olvidar eso? ¿Cómo? Aún siento su ausencia por la noche. Sigo dejándole espacio a mí lado en la cama. Espero que vuelva y no se equivoque de casa, porque estoy segura de que volvió al piso de Barcelona, donde fue tan feliz. 



Por eso cada día 29, enciendo una vela roja, intensa y cálida como la luz de un faro, para guiarlo hasta a mí por si anda despistado entre meridianos tan lejanos. Quiero que sepa que en esta familia mantenemos intacto su hueco, que nadie más que él lo puede ocupar... Ay, si fuese Neruda podría escribir los versos más tristes esta noche. Pero no lo soy. Soy una gata rabiosa que ha perdido a su gatito y se rebela contra la vida panza arriba. 
¿Cómo perdonarle a esa puta que me quitara de sopetón una de las mayores alegrías de mi existencia? Todavía no puedo, aún no. Quizá algún día la perdone. Hoy no es ese día.


3 comentarios:

  1. ;( te abrazo mi querida amiga.
    sole

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  2. http://scila-fotos.aminus3.com/portfolio/46.html

    Hola Isa, te dejo este enlace en el que puedes ver a mi gatita Isis (en realidad tendría que haberse llamado Cleopatra) torturando a Quique que está convencido que él también es un gato. Entiendo lo que sientes porque siempre he tenido animales conmigo, humanos o no, en especial gatos y perros y, además, he logrado que se lleven como hermanos bien avenidos.

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    1. Ay, qué poderosa es esa Isis bella!!! Gracias, Scila. Gracias, Sole!!!

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